domingo, 6 de enero de 2019

Edición y condición

Me cité con la editorial
sabiéndola de protocolo episcopal,
pues prevalecía la norma
como conspiratoria
de que el libro jamás saldría,
pues se lo quedaría
la suegra del dueño.

Lo adoptaba en forma
de manual contra el yerno,
mientras, su hija,
enmudecida
como una estatua asiática
en el mundo top moderno.

Yo ya cerré la puerta
y, despidiéndome
desde la sala de escritorios olvidados,
leía un manuscrito
del escritor maldito.

Y, por eso,
solo leo
aquello que veo
sin estar escrito.

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