sábado, 17 de mayo de 2014

DECLARACIÓN DE INTENCIONES

Lo digo porque es mi caso,
cuando escribo un poema,
me refiero a un poema de amor,
especialmente a la mujer,
entro en conflicto y me envicio,
hago desviaciones y desequilibrios,
porque quiera o no quiera
no puedo evitar moverme
entre sus varios detalles exteriores
y sus veinte cinco mil interiores,

entonces, llegado a este punto,
o sea, a ninguno en concreto,
digo majaderías y hago plenos,
como un borracho el amor haría.
Ya una vez hablé sobre el asunto,
el tema trajo cola,
se organizó una cola de protestas.
¿Alguna vez te interesó
alguien que no juega con la cuerda floja?
Los rayos se desvían,
el atardecer se destierra,
mejor dicho, se echa tierra encima,

cuando escribo un poema
de amor hacia alguien
llamada ella,
ella no se entera,
o, mejor dicho, que confuso,
me pregunta
¿Qué tomaste la noche esa?
Oscura ansia, algo de inconsistencia,
sal líquida, polvo de estrella,
anunciaciones precursoras,
aire de botella,
cantares y diretes, rubor,
algo de mal humor
y algo de buen humor...por ella.

El asunto es que me pregunto
¿por qué nunca lo toco?
o la toco,
no discutamos ahora
sobre los equilibrios de géneros,
centrémonos en el tema,
no, no creas que es eso,
me refería al poema,
¿por qué nunca toco el poema?
a mí me gusta dejarlo tal cual,
así salió,
y si se tiene que estrellar,
pues ¡qué maravilla!
estrellarse es una estrella,
una luz más como las del cielo,
una como otra cualquiera.

Por eso cuando escribo, me digo,
no pongas manos en la faena,
más bien gasta la tinta,
aflórate en un papel,
haz barquitos de seda,
y cómprate unas nuevas gafas,
y relee este poema,
y si no te gusta
mejor piensa que para qué tirarlo
¿y si otra lo disfruta?
lo hace suyo,
lo hace de ella.

Porque a quien iba dirigido
de verdad que no se entera,
como si le contaras a un niño
por dónde anda Casiopea.
Así que es vano todo intento,
lo que escribo no le llega,
y si le llega yo lamento
que no me diga lo que sea.

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