jueves, 12 de marzo de 2015

EL ANILLO

Te dije que te llevaría a tu casa en el coche
pero también me pediste que fuera a buscarte,
incluso hasta me diste la opción de venir por mí,
y a mí me pareció toda posibilidad abierta,

tu seco, el vino, yo cerveza, aún fría,
y le deijimos a alguien parecido a un chef
que nos aguardara,
y saliendo sin filosofía a la puerta
en mis manos encerradas
encendimos dos cigarrillos,
el humo se cruzó por nuestras caras,

intenté recordar alguna frase ingeniosa
cuando un ingenioso indigente me acaparó,
¿me das un cigarro para mi corazón?

tú no sabías donde mirar, se hizo un hueco,
el presunto chef respondió
¡ya está bien! ¡siempre igual!
yo le dije ¡es igual! toma,
para tu corazón,

y entonces me percaté de los latidos del tuyo,
acompasados con tu respiración,
que adelantaban y retrasaban
unos pechos mil infinitos
por mí imaginados,

terminado el acto, entramos,
un mantel blanco, siempre blanco,
el seco se te había acabado,
miré por encima del hombro
a un viejo desalmado,

había tanta gente que ignoraba cuántos había,
ni me di cuenta de lo que comía,
estaba pendiente de tus brazos,
tu manga semi corta escondía
un recuerdo tatuado,

sé que me preguntaste algo por curiosidad
y te respondí de cuatro formas diferentes,
ninguna era suficientemente aceptable,
las marcaste, me miraste, ¿son por ella?,

me di cuenta que cuando suelto una lágrima
es porque sale sin ningún permiso
por mi parte, el hambre me parte,
seguimos adelante,
fuí más permisivo en tus preguntas
inconstantes,

¿y tú a quien recuerdas? soltaste
algo así como parecido "a nadie",
fue venganza por la respuesta de mi anillo
que supiste me despojé aquella tarde.

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